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Cubiertas de seguridad y sistemas automáticos: correas estiradas, anclajes flojos, resortes, motor que se traba, lona quemada por el sol y rieles con basura.
La reparación de cubierta de piscina aquí casi nunca es por nieve: es por sol y por seguridad. En Miami se ven dos tipos. La cubierta de seguridad de malla, anclada al deck, hecha para aguantar el peso de un niño o de un perro que se suba. Y el sistema automático que corre por rieles y se abre con una llave desde el deck. Las dos fallan, pero por piezas distintas.
Empezamos por lo que se rompe primero: correas y anclajes. Una correa estirada deja la cubierta floja, y una cubierta floja ya no sostiene peso, que es lo único que importa en una cubierta de seguridad. Los anclajes de bronce del deck giran en falso cuando la rosca se llena de arena. Los cambiamos, ajustamos la tensión pareja y hacemos prueba de carga antes de irnos.
En las automáticas el problema suele estar en el riel y no en el motor. Hojas de roble, arena y semillas se meten en el riel, el motor empuja contra eso y corta solo para no quemarse. Limpiamos el riel completo, revisamos la cuerda, los topes y el mecanismo, y solo después miramos el motor. Muchas veces el motor estaba bien y lo que fallaba era medio puñado de basura.
La lona sólida no aguanta muchos veranos de estos. Cuatro o cinco años de sol y la tela se pone quebradiza: se parte por el doblez y ya no hay parche que sirva. Para una casa que se queda sola parte del año, la malla es mejor opción: deja pasar la lluvia, no junta un charco verde encima y mantiene fuera hojas, animales y niños. La cotización es gratis.
Si la tela todavía tiene resistencia, cambiar correas y anclajes cuesta mucho menos que una cubierta nueva. Cuando la malla se rompe con la mano o la lona ya está quebradiza por el sol, no se puede reparar con seguridad y hay que cambiarla.
Una de malla anclada al deck. Deja pasar el agua de lluvia, así que no se acumula un charco arriba, y mantiene afuera hojas, animales y niños. Al regresar solo hay que revisar anclajes y tensión.
Casi nunca es el motor. Lo más común es basura en el riel o la cuerda destensada, y el motor corta solo para protegerse. Revisamos riel, cuerda y topes primero. Si después de eso sigue igual, ahí sí abrimos el motor.